El cielo azul nos vigila desde siempre
y nos cuida, nos hace emocionar y crea ilusiones en nuestras mentes
eternamente juveniles. Todos hemos querido volar, surcar los aires y
ser libres, poder ir a donde se quiera y tener el mundo en nuestras
manos. Alzar nuestras alas al viento, dejarnos llevar o dominar lo
que se nos antoje.
Ella también.
Sus alas eran
preciosas aunque no las había usado a menudo. Estuvo poco en
mi vida pero caló hondo desde el principio; siempre estaba ahí
dispuesta a escucharme y a ayudarme, siempre atenta a lo que decía,
siempre preocupada por mis cosas y por mi vida. Yo intentaba también
ayudarla a que volara, la intentaba convencer pero ella no tenía
mucho interés, le encantaban sus alas pero no quería
que todos la vieran, no deseaba presumir de ellas. Las guardaba para
sí como un tesoro, un secreto, que escondía
celosamente...y me encantaba.
Con el tiempo nuestras vidas se
fueron uniendo cada vez más, intercalándose con
historias de luces, princesas y lunas. Contemplábamos el cielo
estrellado por las noches y soñábamos con viajes nunca
realizados (mientras yo ironizaba sobre estrellas caídas y
reinos destruidos, que aun hoy persisten y viven sin querer darse
cuenta de que ya no tienen sentido). Y hablábamos, hablábamos,
hablábamos...de lo tuyo de lo mío, de nuestros mundos
-tan lejanos y distantes, tan parecidos y unidos-, de grandes
historias y maravillosas aventuras, de animales peludos y amarillos,
de errores que se cometieron en un pasado, de engaños, de
mentiras, de imposibilidades, de lejanías, de planetas
apartados...y de volar, casi siempre de volar.
Aunque no me
hablaba de todo, pues -aunque para mí ella quería ser
la de siempre- lo cierto es que hacía más cosas que
soñar con volar. En secreto ella alzaba sus alas, y las ponía
al servicio del viento, y se dejaba llevar por corrientes de aire que
le mostraban nuevos sentimientos.
Pero lo acabé
sabiendo, y las cosas cambiaron. Me costó pero tuve que tomar
una dura decisión. Me estaba interponiendo en su camino así
que todo cambió, como siempre acaba haciendo. Las cosas no
pueden ser "como siempre", todo cambia, nada permanece. Y
por mucho que me duela, esta historia también tenía que
seguir su curso, quizá nuestras vidas no estaban predestinadas
a durar juntas, quizá todo se pueda arreglar, pero ya nada,
nada volverá a ser igual.
ZRV
"Y la dejaste volar,
y
tus ojos lloraron hasta doler,
pero solo tú sabías
que así tenía que ser....
que así...tenía
que ser."
- Cuidándote, Bebe.
José “ZERAV” Malvárez Carleos a 21 de Enero de 2006